En el sur de Santiago hay un lugar bastante especial. La verdad poca gente lo conoce, más bien los precisos, y eso es cada vez más difícil es estos tiempos. Es algo así como el club de la pelea, pero conversando. En ese tiempo yo no conocía a José Patricio, pero me contó esto cuando de rebote llegué a su casa. Todo comenzó con un mail que le envió hace años mi amigo a Luís Alberto Spinetta. El músico lo llamó un día inesperado y le dijo que haría válida la invitación que le hicieron en el mail. Llegó a eso de las nueve de la noche, guitarra al hombro, montado en un taxi, casi de incógnito. José patricio lo hizo pasar, le acercó un banquillo y comenzaron a conversar con la dosis que esa noche se estrenaba, un litro de ron y dos de coca-cola. Conversaron hasta que se hizo de día, Luís Alberto y José Patricio pasaron revista de todos los temas que pudieron imaginar, desde las metáforas del músico, el capitán Beto, los estantes de José, etc.
Cuando me lo contaba no le creí al principio, pero luego ocurriría algo que me haría cambiar de opinión.
Ese día yo llegué más tarde que de costumbre a la junta habitual de los jueves. Doblé por Maipú apuradito por la peligrosidad de las calles de San Bernardo, a mano izquierda toqué el timbre de costumbre: Un chiflido y la perra Soledad ladrándome de adentro. Salió José Patricio sonriente, me saludo como de costumbre y me dijo que esa noche seríamos 3 en la junta, inmediatamente pensé en el Koo, amigo que se incorporaba a esas alturas a los jueves, pero me explicó que en realidad era otro argentino, se llama Rodolfo. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al ingresar vi a Fito sentado con el respectivo vaso de ron. Lo saludé muy caballerosamente, él es muy atento, y comenzó la tertulia. Entre bromas, preguntarle por sus canciones, beber, la filosofía, Latinoamérica, nos dieron las 7, hora suficiente para irse. Se despidió Fito prometiendo volver acompañado, la verdad no le creímos mucho, mas el tiempo le dio la razón.
A los dos meses llegó él y Gustavo Ceratti a vernos. Dos botellas de todo, éramos más, y nuevamente conversa.
Eso ha sido desde entonces, por lo menos una vez al mes llega alguien a la casa de mi amigo José Patricio, los músicos se pasan el dato y van apareciendo de a uno o dos. Meme del Real, Titae, Pedro Aznar, Manuel García, Chinoy, Leo Quinteros y uno que otro infiltrado queriendo ver a los artistas han golpeado la puerta de Maipú 952. Solo dejamos entrar a los que vengan a conversar y no a mirar, pues el éxito de este lugar es que nadie es famoso en estas paredes, acá nos olvidamos del éxito y nos entregamos a la humanidad de los visitantes.
Saludos a los visitantes...
Cuando me lo contaba no le creí al principio, pero luego ocurriría algo que me haría cambiar de opinión.
Ese día yo llegué más tarde que de costumbre a la junta habitual de los jueves. Doblé por Maipú apuradito por la peligrosidad de las calles de San Bernardo, a mano izquierda toqué el timbre de costumbre: Un chiflido y la perra Soledad ladrándome de adentro. Salió José Patricio sonriente, me saludo como de costumbre y me dijo que esa noche seríamos 3 en la junta, inmediatamente pensé en el Koo, amigo que se incorporaba a esas alturas a los jueves, pero me explicó que en realidad era otro argentino, se llama Rodolfo. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al ingresar vi a Fito sentado con el respectivo vaso de ron. Lo saludé muy caballerosamente, él es muy atento, y comenzó la tertulia. Entre bromas, preguntarle por sus canciones, beber, la filosofía, Latinoamérica, nos dieron las 7, hora suficiente para irse. Se despidió Fito prometiendo volver acompañado, la verdad no le creímos mucho, mas el tiempo le dio la razón.
A los dos meses llegó él y Gustavo Ceratti a vernos. Dos botellas de todo, éramos más, y nuevamente conversa.
Eso ha sido desde entonces, por lo menos una vez al mes llega alguien a la casa de mi amigo José Patricio, los músicos se pasan el dato y van apareciendo de a uno o dos. Meme del Real, Titae, Pedro Aznar, Manuel García, Chinoy, Leo Quinteros y uno que otro infiltrado queriendo ver a los artistas han golpeado la puerta de Maipú 952. Solo dejamos entrar a los que vengan a conversar y no a mirar, pues el éxito de este lugar es que nadie es famoso en estas paredes, acá nos olvidamos del éxito y nos entregamos a la humanidad de los visitantes.
Saludos a los visitantes...
3 comentarios:
Yo también conozco un lugar en el que la conversación y la simpleza de la gente son una sola. En él puedo ser yo sin miedo a nada... Muy pocos lo conocen, y me gustaría compartirlo con todos. Es de paredes verdes, tiene una ventana, una tele que prácticamente ya no se enciende, una cama, música, libros y millones de pensamientos y sueños que salen a flote:
Mi pieza.
Saluditos :)
never die!
maipú 952 es de los buenos lugares que siempre están.
es más que una picá!
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