Entre el muladar mundo que lo rodeaba, cuando eran algo así como las 4 AM comenzó a sonarle la canción de campanillas en la cabeza. Recordó tantas cosas que, una vez perdidas, lo llevaron a sentarse en aquel bar, aquel día, en la hora más mimética que se pudiera concebir.
Su interpretación era buenísima, vaso en mano, sobre la mesa de las copas, sin importarle el ruido, dormía como un bebe. Saliendo de su propia existencia, volviendose uno con los borrachos, con el aire contaminado, con la sangre derramada por peleas antiguas.
A las seis, cuando se seguía repitiendo el Arsitimuño sonido de campanas en su cabeza, el mesero terminó por convencerce de la ebriedad de su cliente, el alcohol termino por terminarse y el cliente terminó en la calle por el saca borrachos que lo aventó por la puerta del bar. Asi se graduó de borracho mimético.
